Título: Mi mascota me habla.
Autor: Íñigo Campillo Romeu.
Editorial: Ediciones Carena.
Año de publicación: Septiembre de 2024.
N.º de páginas: 126
Hay libros que nacen para abrir una puerta, aunque quien los lea no siempre esté preparado para cruzarla. Mi mascota me habla, de Íñigo Campillo Romeu —conocido como El comunicador de Tucana— pertenece a ese tipo de libros que nacen de una vivencia muy concreta y animan a explorar territorios poco habituales en la literatura sobre animales. No busca convencer con argumentos técnicos ni seguir un camino previsible. Prefiere apoyarse en una sensibilidad que se despliega en relatos cotidianos y, a la vez, muy singulares. Quizá por eso provoca reacciones tan diferentes. En mi caso, hubo un momento en el que me costó seguir avanzando porque su propuesta traspasa los límites de lo que considero lógico. Esa mezcla de desconcierto y curiosidad me acompañó durante buena parte de la lectura.
El autor parte de quince años de experiencia en su consulta veterinaria, donde asegura haber desarrollado una capacidad de comunicación telepática con animales domésticos y especies silvestres. La editorial presenta el libro como un compendio de relatos reales y reflexiones que ayudan a entender ese canal de conexión.
Cada capítulo abre una ventana a esa práctica que él describe con total naturalidad. Entre conversaciones silenciosas, sensaciones compartidas y mensajes que afirma recibir de los animales, se dibuja un universo donde la comunicación no verbal ocupa un lugar central. Para algunas personas este enfoque resultará fascinante; para otras, desconcertante. En mi caso, sentí que la propuesta se alejaba demasiado de mi forma de entender la relación con los animales.
Una de las claves del libro es su manera de abordar la telepatía. No la presenta como un don extraño ni como un proceso reservado a unos pocos. El autor la entiende como algo que siempre estuvo ahí, oculto bajo el ruido, las prisas y la necesidad de racionalizarlo todo. Propone reencontrarla del mismo modo que lo hacen los niños, jugando, experimentando y abriéndose a lo que no encaja en un esquema rígido.
La claridad con la que expone sus ideas facilita la lectura, incluso cuando habla de temas poco frecuentes. Asume que no todo el mundo conectará con lo que plantea, pero aun así ofrece un camino accesible para quien quiera adentrarse en él. Aunque yo no logré adaptarme del todo a su propuesta, aprecié la calma que transmiten los relatos y la intención de mostrar un modo de relación más atento y menos filtrado por la lógica.
Los ejemplos que comparte dan estructura al libro. Muchos animales parecen expresar —según él— emociones que sus cuidadores no han sabido reconocer. Hay escenas que hablan de dolor físico, otras de vínculos profundos y algunas sorprenden por la claridad de las sensaciones descritas. Estos fragmentos sostienen la parte más emocional de la obra.
El libro transmite paciencia, empatía y un compromiso que va más allá de la consulta veterinaria. No pretende imponer una verdad absoluta; se limita a mostrar la suya, fruto de años de observación y experiencia.
A lo largo de la lectura aparece un tema recurrente, los animales no solo comparten espacio con nosotros, también pueden convertirse —según el autor— en espejos que reflejan aspectos que pasamos por alto. En la sinopsis del libro se resume esta idea con una frase significativa: “Si quieres saber cómo estás y te cuesta descubrirlo, pregúntale a quien lo sabe”. Este planteamiento, más allá de su literalidad, invita a mirar la relación afectiva con los animales desde un ángulo distinto, incluso para quienes no compartan del todo la teoría telepática. El libro abre una puerta a esa reflexión y cada lector decide hasta dónde quiere llegar.
Esa libertad interpretativa explica por qué Mi mascota me habla encaja en perfiles de lectura tan distintos. Quien busque un manual práctico encontrará ejercicios sencillos para entrenar la percepción. Quien prefiera un enfoque emocional hallará relatos que invitan a observar a los animales con más atención. Y quien tenga curiosidad por propuestas menos convencionales disfrutará de una perspectiva que rompe con lo habitual.
La propuesta de Íñigo Campillo Romeu invita a detenerse y escuchar. La telepatía, en su planteamiento, no es un fenómeno extraordinario; es una manera de conectar desde la presencia y la intuición.
Leyendo el libro tienes la sensación de estar adentrándote en un territorio peculiar. No es necesario coincidir con todas las ideas del autor para apreciar su intento de construir un puente entre humanos y animales desde la escucha profunda. Si algo consigue esta obra es recordar que el vínculo con nuestras mascotas aún encierra un espacio por descubrir, y que cada lector puede encontrar en él una chispa de curiosidad o un nuevo modo de mirar.
Mi mascota me habla no busca convencer, propone. Y esa propuesta merece ser explorada por quien sienta que, en el silencio de los animales, quizá habita algo más de lo que solemos percibir.
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