La revolución de la edad
o el día que Brad Pitt cumplió sesenta años
de Juan Carlos Pérez Jiménez
Plaza y Valdés Editores
157 páginas
Juan Carlos Pérez Jiménez nace en Málaga en 1964, dentro de las décadas de los baby boomers. Escritor y profesor, ha publicado diversos libros en los que destaca el ensayo sociológico. Por ellos ha sido galardonado con el Premio Internacional de Ensayo Miguel Espinosa, Premio de Ensayo de la Junta de Extremadura y finalista del Premio Fundesco de Ensayo. Con títulos como La mirada del suicida o Ultrasaturados.
El autor se centra sobre todo en los sesenta años para desgranar a través de una serie de artículos lo que supone envejecer. Abunda en una primera parte en cómo nos sentimos las personas que actualmente tenemos en torno a sesenta años y cómo el edadismo afecta a este segmento de la población. Una edad en las que nos sentimos jóvenes, pero que hemos dejado de serlo. Incide en la exclusión y la autoexclusión debido a la edad . Y en la doble discriminación de las mujeres y del colectivo LGTBIQ+, que acumulan experiencias excluyentes a las que se suma la edad.
Reflexiona y pone ejemplos el autor acerca de la llegada del envejecimiento proponiendo diversos caminos para afrontar los sesenta, la llegada de la vejez, apartando el edadismo. Citando verdaderas sentencias como «solo hay una forma de retrasar el envejecimiento: permaneciendo en la dinámica del deseo» (Pascal Bruckner, Un instante eterno. Filosofía de la longevidad). O apelando a la importancia de la integración generacional, a la curiosidad y al aprendizaje continuo, además de destacar la importancia del contacto con los otros como motor de vida.
No queda exento este ensayo sociológico de la duda ante algunas afirmaciones. Entre ellas que para mantenerse joven hay que realizar mucho ejercicio físico. Tampoco huye de la crítica cuando habla de las operaciones estéticas, a menudo fallidas por el aspecto para parecer más joven. Propone, además algunas fórmulas mágicas como mantener la actividad productiva, ya sea remunerada o no. Para, a continuación, reconocer que hay que tener la suerte de poder hacerlo. Abundando en que «una vez más la justicia divina, en este caso, favorece al privilegiado».
Parece emerger en todo el texto una «obsesión» por el cumplir años a partir de los sesenta, por la vejez y por los años pasados en el sentido de pérdida. Pero también emerge una profunda crítica al no reconocimiento de las capacidades intelectuales de estas generaciones, destacando que con la edad se va ganado perspectiva y grandeza de miras.
La belleza del cuerpo cuando no es asumida con naturalidad es, asimismo, objeto de otro de los análisis profundos. En este caso, abunda que cuando se trata de la mujer se denuncia que la vejez se ha visto a lo largo de la historia degradada, retratándolas como brujas o alcahuetas. Mientras que se recurre al anuncio de todo tipo de terapias para hacer creer en una resurrección física bajo el epígrafe de la salud y la vitalidad.
Juventud versus vejez parece en definitiva lo que en La revolución de la edad se baraja en un continuo paradigma de lo que la sociedad actual venera o rechaza. La muerte también está presente en este discurso iracundo y crítico. Y el mensaje de que «lo difícil, el desafío de la vejez, es mantener la decepción a raya y la curiosidad viva». En fin, exploren porque hay muchas y valiosas reflexiones sobre el arte de envejecer. Lean, por favor.
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