Reseña del libro Regetarianos de Jota Carracedo con el reseñador y la portada del libro en una composición editorial.

Regetarianos

La manera en que nos alimentamos nunca había estado tan presente en la conversación pública y, al mismo tiempo, tan alejada de una comprensión pausada. En torno a la comida conviven recomendaciones contradictorias, etiquetas nutricionales, discursos medioambientales, intereses económicos y debates que con frecuencia se plantean como posiciones irreconciliables. En ese escenario, Regetarianos, de Jota Carracedo y publicado por Alienta Editorial, propone una idea que trasciende la elección de unos alimentos concretos para convertirse en una reflexión mucho más amplia sobre la relación entre las personas, su salud y el entorno del que dependen.

Desde las primeras páginas queda claro que el libro no pretende presentar una dieta más ni competir con otras corrientes alimentarias. La propia editorial lo define como una filosofía de vida cuyo objetivo es regenerar el vínculo entre el ser humano, su cuerpo y la tierra que lo alimenta. Esa matización resulta fundamental porque condiciona toda la lectura. El interés de la obra no reside únicamente en explicar qué alimentos deberían ocupar el plato, sino en invitar al lector a cuestionarse el recorrido completo que sigue aquello que consume, desde el suelo donde se produce hasta las consecuencias que genera sobre el paisaje, los ecosistemas y la propia salud.

El término “Regetarianismo” puede despertar inicialmente cierta sensación de escepticismo. Vivimos rodeados de conceptos nuevos que aparecen con rapidez y desaparecen con la misma facilidad, convertidos en tendencias pasajeras. Sin embargo, el planteamiento de Jota Carracedo intenta situarse en un lugar distinto. No construye su discurso alrededor de una etiqueta de moda, sino de una idea vertebradora: la regeneración. Frente a una visión que busca únicamente reducir el daño causado por la actividad humana, el autor plantea que el verdadero objetivo debería consistir en restaurar aquello que ya ha sido deteriorado. Esa diferencia, aparentemente sutil, modifica profundamente la perspectiva desde la que se observa la alimentación.

La propuesta invita a entender que comer nunca es un acto aislado. Cada decisión establece una cadena de relaciones que afecta al modo en que se cultiva la tierra, se cría el ganado, se distribuyen los alimentos y se conservan los recursos naturales. El libro insiste en que resulta imposible eliminar completamente ese impacto, pero sí orientarlo hacia prácticas capaces de devolver fertilidad, biodiversidad y equilibrio a los ecosistemas. Más que buscar culpables o señalar soluciones simplistas, plantea una invitación a observar el conjunto del sistema alimentario con mayor profundidad.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra reside precisamente en esa voluntad de ampliar el foco. En muchos debates actuales la alimentación suele reducirse al cálculo de calorías, macronutrientes o listas de alimentos permitidos y prohibidos. Regetarianos propone recuperar dimensiones que durante mucho tiempo formaron parte natural de la cultura gastronómica: el origen de los productos, la estacionalidad, la calidad del suelo, los ciclos naturales o la manera en que las decisiones individuales terminan influyendo sobre el paisaje colectivo. No se trata únicamente de comer mejor, sino de comprender mejor aquello que se come.

En ese sentido, el libro establece una conexión constante entre alimentación y conciencia. Comer deja de ser un gesto automático para convertirse en una decisión deliberada. El autor invita a recuperar la atención sobre algo que, paradójicamente, constituye una de las actividades más frecuentes de nuestra vida cotidiana. Esa llamada a detenerse, observar y preguntarse de dónde procede cada alimento aporta una dimensión reflexiva que trasciende el ámbito estrictamente nutricional.

Resulta evidente que muchas de las tesis defendidas por Jota Carracedo generarán debate. Y probablemente esa sea una de las principales virtudes del libro. No busca instalarse en una cómoda neutralidad ni limitarse a resumir consensos ampliamente aceptados. Su intención consiste en cuestionar determinadas ideas asentadas sobre la producción alimentaria, la sostenibilidad o la ganadería regenerativa, invitando al lector a revisar algunas convicciones que quizá daba por incuestionables. Esa voluntad de confrontar discursos convierte la lectura en un ejercicio activo más que en una simple recepción de información.

La trayectoria del autor ayuda a comprender el origen de esta propuesta. Conocido en redes sociales como Jota Manifesto, lleva más de una década divulgando contenidos relacionados con la salud, la alimentación y los hábitos de vida. Esa experiencia se refleja en una forma de comunicar que busca acercar conceptos complejos a un público amplio sin renunciar a un posicionamiento claro. El proyecto del Regetarianismo nace, según explica su propia presentación, tras años de análisis, experimentación personal y estudio, dentro de una filosofía que combina alimentación evolutiva, movimiento y autoexperimentación como herramientas para recuperar un mayor control sobre la propia salud.

Ese componente experiencial resulta especialmente significativo. Frente a discursos construidos exclusivamente desde la teoría, Carracedo reivindica la importancia de observar cómo responden el cuerpo y los hábitos cotidianos a determinadas decisiones. Esa apelación a la experiencia individual no pretende sustituir el conocimiento científico, sino recordar que la relación con la alimentación también se construye desde la práctica diaria, desde la capacidad de observar cambios, corregir rutinas y desarrollar una mayor conciencia corporal.

Otro de los ejes sobre los que gira el libro es la recuperación de cierta memoria alimentaria. La descripción editorial alude de forma explícita a la cocina de nuestras abuelas, a los productos de temporada y a una relación más directa con aquello que ofrece la tierra en cada estación. No aparece como una idealización ingenua del pasado, sino como una invitación a preguntarse qué conocimientos cotidianos se han ido perdiendo en un contexto donde la disponibilidad permanente de cualquier alimento ha terminado por difuminar el sentido de los ciclos naturales.

Esta reflexión conecta con uno de los grandes aciertos del ensayo: evitar que la sostenibilidad quede reducida a un concepto abstracto. En lugar de hablar únicamente de emisiones o estadísticas, la propuesta intenta devolver una dimensión tangible al problema. El estado del suelo, la biodiversidad o los métodos de producción dejan de ser cuestiones lejanas para integrarse en algo tan cotidiano como preparar una comida. Esa capacidad para acercar debates globales al ámbito doméstico facilita que el lector perciba la relación entre decisiones aparentemente pequeñas y consecuencias mucho más amplias.

También resulta interesante el modo en que la obra plantea la responsabilidad individual. En ocasiones, los discursos sobre medio ambiente generan la sensación de que cualquier acción personal resulta insignificante frente a la magnitud del problema. Regetarianos adopta una posición distinta. Sin caer en simplificaciones ni presentar soluciones milagrosas, defiende que las elecciones cotidianas poseen un valor acumulativo y que modificar determinados hábitos puede contribuir a impulsar modelos de producción diferentes. No se trata de alcanzar una perfección imposible, sino de orientar las decisiones hacia una dirección más coherente con los valores que se desean defender.

Precisamente por ese enfoque global, el libro puede despertar interés incluso entre quienes no compartan todas sus conclusiones. Más allá del acuerdo o desacuerdo con las tesis que plantea, la lectura invita a formular preguntas relevantes sobre el funcionamiento del sistema alimentario contemporáneo y sobre la manera en que consumimos casi sin detenernos a pensar en el recorrido previo de aquello que llega al plato. En una época caracterizada por la velocidad y el exceso de información, detenerse a revisar esas preguntas ya constituye un ejercicio valioso en sí mismo.

Al mismo tiempo, conviene acercarse a la obra con una disposición abierta al análisis crítico. Como ocurre con cualquier ensayo que defiende una visión concreta del mundo, el interés no reside únicamente en confirmar las propias ideas, sino también en confrontarlas con argumentos diferentes. Esa actitud permite aprovechar mejor una lectura que aspira a provocar reflexión más que a ofrecer respuestas cerradas para todos los lectores.

En conjunto, Regetarianos presenta una propuesta que va más allá del ámbito gastronómico para situarse en la intersección entre alimentación, salud, ecología y responsabilidad personal. Jota Carracedo plantea un modelo que entiende la regeneración como principio organizador de una forma distinta de relacionarse con el entorno y con el propio cuerpo, invitando a reconsiderar hábitos profundamente arraigados desde una perspectiva más amplia y consciente.

En un momento histórico en el que la alimentación se ha convertido en terreno de confrontación permanente entre tendencias, intereses comerciales y mensajes contradictorios, el libro aporta una voz definida que busca devolver profundidad a un debate demasiado acostumbrado a los titulares rápidos. Independientemente de que el lector termine compartiendo o no la totalidad de sus planteamientos, la obra consigue algo especialmente valioso: recordar que comer nunca es un acto neutro y que detrás de cada elección existe una cadena de implicaciones biológicas, sociales y ambientales que merece la pena comprender. Esa capacidad para transformar una acción cotidiana en una oportunidad de reflexión convierte a Regetarianos en una lectura especialmente sugerente para quienes disfrutan de los ensayos capaces de cuestionar certezas y abrir nuevas formas de mirar la realidad.

Quizá una de las preguntas más interesantes que deja Regetarianos no sea qué deberíamos comer, sino desde dónde tomamos nuestras decisiones. Porque, cuando la alimentación deja de entenderse únicamente como una cuestión nutricional y pasa a formar parte de una conversación más amplia sobre el cuerpo, los hábitos y la manera en que habitamos el mundo, aparecen nuevas preguntas que rara vez admiten respuestas simples.

Esa invitación a mirar con más atención conecta también con otras lecturas publicadas en Mundo Aspie. Si te interesa seguir explorando cómo las decisiones cotidianas reflejan nuestra forma de entender la realidad, quizá encuentres un buen complemento en Tecnofilosofía, donde la reflexión se desplaza hacia la influencia que ejerce la tecnología sobre nuestra manera de pensar y vivir. Si prefieres una mirada más amplia sobre las ideas que han configurado nuestra cultura, Los 12 pilares de la filosofía ofrece un recorrido por algunos de los grandes marcos intelectuales desde los que seguimos interpretando el presente.

Al fin y al cabo, cambiar la manera de mirar suele ser un proceso mucho más profundo que cambiar un hábito. Y, como recuerda este ensayo, comprender el origen de aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana puede ser el primer paso para relacionarnos con ello de una forma más consciente.

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