Per a la polina
Una melodía compuesta a los catorce años puede convertirse en una manera de conservar a alguien cuando todo lo demás ha desaparecido. Ese es el hilo que une a Hannes Prager y Polina, dos jóvenes que han crecido juntos y que, después de una separación inesperada, acabarán recorriendo caminos muy diferentes.
Per a la Polina, de Takis Würger, llega en catalán de la mano de Editorial Les Hores, con traducción de Lourdes Bigorra Cervelló. La edición incorpora así al panorama editorial en lengua catalana una historia traducida a veintiséis idiomas y que parte de una relación construida durante la infancia para explorar después el peso que puede adquirir con el paso de los años.
Hannes y Polina se conocen desde pequeños porque sus madres son muy buenas amigas. Ella y su madre visitan a menudo el caserón en ruinas, situado junto a un pantano, donde vive la familia de Hannes. La cercanía se transforma cuando él, a los catorce años, se enamora de su amiga.
La música ocupa un lugar central en esta relación. Hannes posee una gran sensibilidad musical y un oído extraordinario, aprende a tocar el piano y compone para Polina una melodía vinculada a lo que siente por ella. Música y afecto quedan unidos desde entonces, pero esa conexión se rompe cuando sus vidas toman una dirección inesperada.
Polina desaparece de la vida de Hannes y él abandona el piano. La decisión tiene algo de paradoja porque, aunque deja de tocar, no consigue alejarse completamente del instrumento. Con los años se convierte en transportista de pianos. Aquello que antes había sido una forma de expresión continúa físicamente a su lado, aunque desde una relación completamente diferente.
Aquí aparece una de las tensiones que sostiene la propuesta de Würger. ¿Qué hacemos con aquello que ha sido importante cuando ya no podemos vivirlo de la misma manera? En el caso de Hannes, la renuncia a la música acompaña un largo periodo de vacío existencial. El pasado no desaparece, sino que queda suspendido hasta que la necesidad de saber qué ha sido de Polina vuelve a imponerse.
El problema es que no sabe dónde encontrarla. La melodía compuesta durante la adolescencia se convierte entonces en el posible puente entre dos vidas separadas por el tiempo. La música deja de pertenecer únicamente al recuerdo y adquiere una nueva función. Tal vez todavía sea capaz de llegar allí donde él no sabe cómo hacerlo.
Este recorrido permite acercarse a cuestiones muy reconocibles de las relaciones humanas. La permanencia del primer amor, la distancia entre quienes fuimos y quienes somos, las ausencias que condicionan una vida o la posibilidad de retomar algo que parecía definitivamente interrumpido forman parte de ese territorio. El catálogo de Mundo Aspie ya se ha acercado a la narrativa intimista y a las relaciones humanas en títulos como El jardí adormit o No pasa nada, dos publicaciones que comparten ese interés por los vínculos y por la dimensión íntima de la experiencia.
