Memòria d’una volva
Hay un punto en el extrarradio de Tarragona donde la ciudad deja de ser del todo ciudad, pero la naturaleza tampoco ha recuperado el terreno. Esa frontera imperfecta, física y también humana, es el espacio que Jordi Ribas Andreu escoge para Memòria d’una volva, publicada en catalán por Voliana Edicions.
La geografía tiene aquí un peso especial. No funciona simplemente como el escenario donde suceden las cosas, sino como una forma de acercarse a la realidad. La sinopsis habla de un «no-lugar», de ese territorio de transición que suele quedar fuera de la imagen más reconocible de las ciudades. Espacios periféricos, zonas donde conviven restos urbanos y naturaleza, márgenes que parecen no pertenecer completamente a ninguno de los dos mundos. Tarragona aparece así desde una perspectiva poco habitual, alejada de la ciudad monumental o de la postal mediterránea.
Es en esa geografía donde Jordi Ribas Andreu coloca personajes extremos y dos fuerzas tan antiguas como difíciles de separar. El amor y la muerte, Eros y Tánatos, marcan el planteamiento de Memòria d’una volva. Entre ambos polos entra en juego la memoria, pero vinculada al territorio. Los lugares pueden conservar rastros de lo vivido y transformarse, con el tiempo, en una especie de cartografía personal.
Esta relación entre paisaje y recuerdo permite mirar el extrarradio desde una dimensión más humana. Los espacios de tránsito, aparentemente impersonales, también acumulan experiencias. Una calle periférica, un descampado o el límite impreciso entre construcción y vegetación pueden formar parte de una biografía tanto como aquellos lugares a los que solemos conceder mayor importancia. El territorio deja entonces de ser un simple decorado y participa en la construcción de la memoria.
Ribas Andreu incorpora, según el planteamiento editorial, ironía y dosis medidas de absurdo. Es una combinación significativa ante cuestiones como el amor o la muerte, a menudo abordadas desde registros más solemnes. Aquí conviven con una realidad desajustada, con personajes situados en los extremos y con un paisaje que tampoco parece encontrar una definición estable. Esa indefinición entre ciudad y naturaleza acaba dialogando con otras fronteras menos visibles, las que separan lo cotidiano de lo extraño, el afecto de la pérdida o el presente del recuerdo.
Memòria d’una volva está editada en catalán y es en esa lengua como nos hemos acercado al texto. Un dato que no resulta accesorio en una propuesta tan vinculada a un territorio concreto. La presencia de voces y escenarios próximos forma parte también de una literatura catalana contemporánea que encuentra en editoriales independientes espacios desde los que observar realidades alejadas de los grandes centros.
En Mundo Aspie hemos ido siguiendo esa diversidad con títulos como Hortoneda, El jardí adormit, Els estornells mai volen sols o Tries invisibles, todos ellos presentes en nuestro recorrido reciente por la literatura catalana.
Memòria d’una volva ocupa dentro de ese mapa un territorio muy concreto. No busca la gran ciudad, sino sus márgenes. No parte de un paisaje perfectamente definido, sino de un espacio marcado por dos realidades que se encuentran sin llegar a encajar. Es precisamente en esa franja incómoda donde la memoria geográfica adquiere otro sentido. Porque también recordamos los lugares que parecían no tener nada de especial y, a veces, son esos los que terminan explicando una parte de nosotros.
