Tash Aw junto a la portada de El Sud en la entrevista de Mundo Aspie «Vivimos en un mundo en el que hablamos demasiado».

Vivimos en un mundo en el que hablamos demasiado

Hay novelas que terminan en su última página y otras que dejan preguntas abiertas mucho después de haber concluido su lectura. El Sud, de Tash Aw, pertenece a las segundas. La novela, publicada en catalán por Les Hores con traducción de Míriam Cano, nos llevó en nuestra reseña a hablar de identidad, deseo, familia, pertenencia y de todas aquellas decisiones heredadas que pueden acabar condicionando una vida.

Pero algunas de esas cuestiones merecían llegar hasta el propio autor.

Tash Aw nació en Taiwán, creció en Kuala Lumpur y posteriormente se trasladó a Inglaterra. Esa convivencia entre lugares, culturas y formas diferentes de entender la identidad está presente en buena parte de su obra y adquiere una importancia especial en El Sud.

Con motivo de su visita a Barcelona, desde Mundo Aspie tuvimos la oportunidad de hacerle llegar varias preguntas. No queríamos preguntarle únicamente por cómo había escrito la novela. Nos interesaba especialmente hablar de la necesidad de pertenecer, de aquello que callamos, de las expectativas de los demás y de nuestra facilidad para juzgar comportamientos que, vistos de cerca, suelen ser mucho más complejos.

Esta fue nuestra conversación con Tash Aw.

En El Sud da la sensación de que los personajes no solo buscan un lugar donde vivir, sino también un lugar donde sentirse comprendidos. ¿Cree que, en el fondo, esa necesidad de ser comprendidos es una de las grandes búsquedas del ser humano?

Sí, claro, sin duda. No es solo la necesidad de ser comprendidos, sino de formar conexiones con los demás.

Lo que queremos es poder vivir dentro de una comunidad y siempre pensamos que esa comunidad nos la proporciona la familia o el país, cuando en realidad lo que están descubriendo estas personas es que esa sensación de pertenencia, de comunidad, es algo mucho más imperceptible.

A lo largo de la novela hay personajes que callan mucho más de lo que dicen. Como lector, uno termina descubriendo que esos silencios también cuentan una historia. ¿Cree que hoy sabemos escuchar aquello que las personas no expresan con palabras?

Creo que vivimos en un mundo en el que hablamos demasiado. La gente, en general, habla demasiado. Siempre nos estamos explicando y vivimos en un mundo en el que tenemos la sensación de que debemos saberlo todo. Estamos expuestos al conocimiento constantemente y tenemos que absorber información sin parar.

Yo viví en una familia en la que la gente no hablaba porque habían vivido un gran dolor en sus vidas, muchos traumas. Precisamente porque habían experimentado todo aquello, no querían transmitirlo a los demás. Habían experimentado tanto dolor que no querían pasarlo a la siguiente generación. Así que vivíamos en el silencio.

Eso significa que, al menos cuando era pequeño, sentía que la historia de mi familia era algo ausente, en lugar de estar constantemente presente. Eso es también lo que intenta hacer la novela: replicar esa sensación en las dos historias que van avanzando al mismo tiempo.

Muchas personas sienten que han pasado buena parte de su vida intentando responder a las expectativas de los demás antes que a las suyas propias. ¿Escribir El Sud le hizo reflexionar también sobre el precio que a veces pagamos por intentar encajar?

Sin duda. Toda nuestra vida es un proceso en el que uno intenta encajar. A veces somos conscientes de ello y otras veces no.

Me parece que hay muchas personas que pasan por la vida sin saber que se les ha asignado un papel que deben desempeñar desde el primer día. El problema, en mi opinión, es que esos papeles, esas funciones que nos atrapan en una forma de vivir y de pensar, se nos asignan muy al principio.

Por eso no somos capaces de darnos cuenta de que estamos encarnando esos papeles hasta que cobramos conciencia de que nos han sido asignados y ya estamos atrapados en ellos.

También confundimos esos papeles con la sensación de seguridad, con el amor. Creo que todo esto nos viene, en primer lugar, de la familia, pero también de la escuela y de las personas que observamos a nuestro alrededor. Sobre todo son ideas que nos llegan de la familia y por eso estamos tan confundidos.

¿Cómo separamos esa sensación de seguridad y amor de la sensación de estar atrapados por las expectativas de los demás?

Sus personajes rara vez pueden dividirse entre quienes tienen razón y quienes están equivocados. Todos parecen actuar desde sus propias heridas, miedos o circunstancias. ¿Le interesa especialmente escribir personajes que inviten al lector a comprender antes que a juzgar?

Sin duda. Creo que las personas en la vida real somos así.

Actualmente vivimos en un mundo que ha acabado siendo muy binario: la gente es buena o mala, eres de fuera o eres de aquí. Juzgamos con demasiada facilidad. Vamos formando tribus para protegernos, en realidad, contra los demás.

Tal y como yo entiendo la vida, las fronteras entre distintos tipos de comportamiento, entre la masculinidad y la feminidad o entre la violencia y la ternura siempre han sido muy finas. Son fronteras tan delgadas que se puede pasar de una dimensión a la siguiente muy rápidamente.

He visto durante toda mi vida personas que podían comportarse de forma violenta, pero que también eran capaces de ofrecer una gran ternura. O personas que no eran racistas y que después cometían actos racistas. He visto personas que se consideraban feministas pero que después mostraban comportamientos misóginos.

Para mí siempre ha sido algo muy complejo, una mezcla de comportamientos, y eso es lo que quería representar en la novela.

Después de terminar la novela permanecen más preguntas que respuestas, y quizá esa sea una de sus mayores virtudes. Si pudiera dejar una única reflexión acompañando al lector cuando cierre El Sud, ¿cuál le gustaría que fuera?

Creo que sería que la vida sigue evolucionando. Nosotros seguimos evolucionando, y la cultura y la política también.

Independientemente del momento en el que nos encontremos o del tipo de personas que pensemos que somos ahora, esa persona nunca será la misma dentro de cinco o diez años. Todos vamos a evolucionar. También quienes nos rodean.

Si dentro de veinte años alguien volviera a leer El Sud, ¿qué le gustaría que siguiera siendo igual de reconocible para ese lector, aunque el mundo hubiera cambiado por completo?

Me gustaría que ese lector encontrara que hay una serie de experiencias que son universales y que siempre serán las mismas, independientemente de las circunstancias externas del mundo.

Por ejemplo, la sensación de desear a otra persona o de que alguien te desee a ti. Tocar a otra persona. Creo que estas cosas son atemporales, universales.

Y no creo que puedan ser sustituidas por la inteligencia artificial o por la tecnología. Ese anhelo, ese deseo de conexión, me parece algo esencial y eterno.

Quizá esa última idea permita regresar al principio. El Sud habla de una familia y de una tierra, pero bajo ambas aparece una necesidad mucho más difícil de delimitar: encontrar nuestro lugar entre los demás sin dejar de ser nosotros mismos.

Tash Aw habla de personas que heredan papeles antes incluso de ser conscientes de ellos, de familias que callan para evitar transmitir su dolor y de individuos capaces de reunir ternura y violencia, convicciones y contradicciones. No ofrece una fórmula para resolver ninguna de esas tensiones. Tampoco parece buscarla.

En un momento en el que buena parte de nuestras relaciones pasan por pantallas, algoritmos y tecnologías capaces de mediar cada vez más en nuestra experiencia cotidiana, el escritor acaba regresando a algo mucho más elemental…. querer a alguien, ser deseado, tocar a otra persona y establecer una conexión.

Puede que el mundo dentro de veinte años sea muy distinto. Para Tash Aw, esa necesidad seguirá ahí.

Puedes leer también nuestra reseña de El Sud, publicada en Mundo Aspie.

Más lecturas

  • El metautor

         La novela de         🪆              Marceau Miller 💭    Maeva Ediciones, 2026  …

  • Un baile de luces y sombras

       Un instante en la oscuridad    de Gemma Urraka    Editorial Planeta, Ediciones Destino, Colección Ánkora y Delfín    2025     204 páginas…

  • El jardí adormit

    El jardí adormit, de Carla Gracia, publicado por Univers, es una novela que cruza intimidad, memoria y paisaje. Su propuesta se sitúa en un…

  • Los aforismos de la vida

        Reseña literaria    Magokoro de Flavia Company Editorial Navona, junio de 2025, 148 páginas Novela Flavia Company (Buenos Aires, 1963) es escritora….