Portada de Profecía, ensayo de Carissa Véliz sobre predicción, algoritmos e inteligencia artificial.

Profecía

Durante siglos, las sociedades buscaron respuestas sobre el futuro en templos, augurios y oráculos. Hoy esa necesidad de anticipar lo que vendrá sigue presente, aunque los intermediarios han cambiado. Los sacerdotes y adivinos han cedido buena parte de su lugar a modelos matemáticos, sistemas de análisis de datos y algoritmos capaces de generar predicciones sobre casi cualquier aspecto de la vida cotidiana.

En Profecía, publicado por Debate, la filósofa Carissa Véliz se adentra en una cuestión que afecta de forma creciente a las sociedades contemporáneas. ¿Qué ocurre cuando depositamos nuestra confianza en sistemas que afirman conocer de antemano lo que sucederá? ¿Hasta qué punto las predicciones condicionan nuestras decisiones, nuestras expectativas e incluso nuestra idea de libertad?

La autora parte de una observación que resulta difícil ignorar. Las predicciones ya forman parte de numerosos ámbitos de la vida diaria. Determinan qué información vemos en internet, qué productos se nos ofrecen, cómo se evalúan determinados riesgos financieros o qué probabilidades se asignan a distintos escenarios médicos y climáticos. La promesa que acompaña a estos sistemas es atractiva. Si podemos prever mejor el futuro, también podremos reducir la incertidumbre y tomar decisiones más acertadas.

Sin embargo, el ensayo dirige la mirada hacia los límites de esa promesa. A través de ejemplos relacionados con la medicina, la estadística, la inteligencia artificial o la gestión de riesgos, Véliz examina los problemas que aparecen cuando la predicción deja de ser una herramienta para convertirse en una forma de autoridad difícil de cuestionar. La acumulación de datos no garantiza necesariamente una mejor comprensión de la realidad, del mismo modo que un modelo predictivo sofisticado no elimina los errores, los sesgos o las consecuencias inesperadas.

Uno de los aspectos más sugerentes del planteamiento es la comparación entre los antiguos sistemas de adivinación y las tecnologías contemporáneas. Aunque los contextos sean radicalmente distintos, ambos comparten una característica esencial. Ofrecen una sensación de conocimiento privilegiado sobre aquello que todavía no ha sucedido. Esa expectativa puede generar confianza, pero también dependencia. Cuando las predicciones se aceptan sin examen crítico, aumenta el riesgo de delegar decisiones importantes en mecanismos cuya complejidad dificulta comprender cómo funcionan realmente.

La reflexión se extiende además hacia una cuestión política y social de gran actualidad. La capacidad de predecir comportamientos no solo permite anticipar acontecimientos, sino también influir sobre ellos. En un entorno donde empresas tecnológicas, plataformas digitales e instituciones manejan enormes cantidades de información, la frontera entre prever y condicionar puede resultar cada vez más difusa.

Lejos de centrarse únicamente en los aspectos técnicos de la inteligencia artificial, Profecía sitúa el debate en un terreno más amplio que afecta a la autonomía individual, la responsabilidad colectiva y la relación que mantenemos con la incertidumbre. La obra propone observar con cautela aquellas promesas que presentan el futuro como algo completamente calculable y gestionable.

Su publicación coincide con un momento en el que la inteligencia artificial ocupa una posición central en el debate público. En los últimos años, Mundo Aspie ha prestado atención a cuestiones relacionadas con el impacto cultural y social de la tecnología, como ocurrió con Domina la inteligencia artificial antes de que ella te domine a ti o con De la caverna al cosmos, dos títulos que también exploran cómo los avances científicos y tecnológicos transforman nuestra manera de comprender el mundo.

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