Autismo, terrores nocturnos y sonambulismo

Autismo, terrores nocturnos y sonambulismo

Durante mi infancia, y también durante buena parte de la adolescencia, conviví con dos fenómenos que en aquel momento nadie terminaba de comprender del todo. Por un lado estaban los terrores nocturnos. Por otro, un sonambulismo bastante intenso que convirtió algunas noches en auténticas aventuras involuntarias.

Con el tiempo descubrí que no era el único. Muchas personas recuerdan episodios similares durante la infancia. Sin embargo, cuando además existe un diagnóstico dentro del espectro autista, surge una pregunta inevitable. ¿Existe alguna relación entre el autismo, los terrores nocturnos y el sonambulismo?

No tengo una respuesta definitiva. La investigación sobre el sueño y la neurodivergencia sigue avanzando, pero sí creo que merece la pena detenerse en un aspecto que durante años ha recibido menos atención de la que merece. Dormir no siempre resulta sencillo para muchas personas autistas.

Cuando dormir no significa descansar

Los problemas de sueño aparecen con frecuencia en el autismo. Se habla mucho del insomnio, de los despertares frecuentes o de la dificultad para mantener rutinas estables de descanso. Sin embargo, existen otras alteraciones menos conocidas que también forman parte de la experiencia de algunas personas.

Los terrores nocturnos suelen aparecer durante las primeras horas de sueño profundo. Desde fuera resultan impactantes. El niño puede incorporarse, llorar, gritar o mostrar signos evidentes de angustia. Quienes lo observan tienen la sensación de que está completamente despierto, aunque en realidad continúa dormido.

A la mañana siguiente, lo más habitual es que no recuerde absolutamente nada.

El sonambulismo comparte algunas características. La persona puede levantarse de la cama, caminar por la casa o realizar acciones sencillas mientras sigue durmiendo. En muchos casos tampoco conserva recuerdos de lo ocurrido.

Para los padres, ambas situaciones suelen generar una enorme preocupación. Para quien las experimenta, en cambio, muchas veces pasan completamente desapercibidas.

La relación entre los terrores nocturnos y el sonambulismo

Diversos especialistas en medicina del sueño llevan años observando que estos dos fenómenos aparecen con frecuencia en las mismas personas.

Un estudio publicado en una revista especializada de pediatría encontró una asociación significativa entre los terrores nocturnos durante los primeros años de vida y la aparición posterior de episodios de sonambulismo. Los investigadores observaron que ambos trastornos comparten mecanismos relacionados con las fases profundas del sueño.

En otras palabras, no se trataría de fenómenos completamente independientes.

La doctora Heidi Connolly, especialista en medicina del sueño infantil, explicaba que esta conexión era conocida desde hacía tiempo en la práctica clínica, aunque los estudios empezaban entonces a aportar evidencia más sólida sobre esa relación.

¿Y qué ocurre en el autismo?

Aquí es donde las respuestas se vuelven más complejas.

Actualmente sabemos que las alteraciones del sueño son más frecuentes entre las personas autistas que en la población general. Existen diferentes hipótesis que intentan explicarlo. Algunas apuntan a diferencias en los ritmos biológicos y en la regulación de la melatonina. Otras señalan la influencia de la ansiedad, la hipersensibilidad sensorial o la dificultad para desconectar mentalmente después de un día cargado de estímulos.

Lo que todavía no está tan claro es si los terrores nocturnos y el sonambulismo son específicamente más frecuentes en las personas autistas o si forman parte de un conjunto más amplio de dificultades relacionadas con el descanso.

Mi propia experiencia me hace pensar que quizá exista algún vínculo. Durante años tuve episodios de sonambulismo y terrores nocturnos, al igual que otras muchas personas autistas que han compartido experiencias similares. Sin embargo, una experiencia personal no constituye una prueba científica.

Lo que sí parece evidente es que el sueño continúa siendo una de las áreas donde muchas personas dentro del espectro encuentran más dificultades.

La importancia de la seguridad

Cuando aparecen episodios de sonambulismo, la prioridad debe ser siempre la seguridad.

Los especialistas recomiendan asegurarse de que el entorno sea seguro durante la noche. Mantener despejados los espacios de paso, evitar literas elevadas y establecer medidas que permitan detectar si el niño abandona la habitación pueden ayudar a prevenir accidentes.

Aunque la mayoría de los episodios terminan sin consecuencias, el riesgo existe. Una persona sonámbula puede salir de casa, bajar escaleras o exponerse a situaciones peligrosas sin ser consciente de ello.

Por eso resulta importante observar, consultar con profesionales cuando los episodios son frecuentes y no minimizar un problema que puede generar una gran preocupación familiar.

Una cuestión que todavía plantea preguntas

A menudo se habla del autismo desde la perspectiva social, educativa o comunicativa. Mucho menos se habla de las noches.

Sin embargo, el descanso influye directamente en el bienestar emocional, la regulación sensorial, la atención y la calidad de vida. Cuando dormir se convierte en una dificultad constante, las consecuencias terminan extendiéndose al resto del día.

Quizá por eso merece la pena seguir investigando la relación entre autismo y sueño. Todavía quedan muchas preguntas abiertas. Entre ellas, si fenómenos como los terrores nocturnos o el sonambulismo forman parte, al menos en algunos casos, de esa compleja relación que muchas personas autistas mantienen con el descanso desde la infancia.

Y vosotros, ¿recordáis haber vivido episodios de sonambulismo, terrores nocturnos o alguna otra alteración del sueño relacionada con vuestra experiencia dentro del espectro?

El sueño aparece con frecuencia en las conversaciones sobre autismo, aunque muchas veces desde perspectivas diferentes. Si te interesa profundizar en este tema, quizá encuentres conexiones en Autismo y los problemas para dormir, Dormir sin despertarme antes de tiempo, Autistas y la sobrecarga de estímulos y Ansiedad Asperger. ¿Cómo actúo?, donde el descanso, la ansiedad y el procesamiento sensorial terminan cruzándose de formas que no siempre resultan evidentes.

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